jueves, 25 de octubre de 2012

Otra opción, por favor

A veces es tan masoquista sentir alivio al querer desesperarse, saber que con tanto que se está partiendo adentro se podría hipnotizar al cosmos y consentir a las manos que rasguñan el reverso del piso, que ser cruel o no querer estar presente ya carece de importancia, y sí es fácil mantener la frente en alto cuando nunca te has caído... así sí es fácil no querer cambiar el ritmo... y si te ven acostumbrado pretenden darte la bienvenida.
Este veneno es tan absurdo que cuando lo evitas de algún lado, termina haciendo gárgaras en otro espacio, y si te alcanza la vida para hartarte, encontrarás sin fuerzas que el misterio estaba en no querer buscar su contraparte, la cura a sus medidas afiladas, la inyección que al fin te manifestaría en ese lado al que tanto te precipitas.
Los instantes que han pasado continúan retocando mi silueta y escribiendo mis guiones, se acumulan por debajo de mi lengua, son los protagonistas de mis mentiras y mi silogismo hipócrita, y hay momentos en que le quisiera inventar un nombre nuevo a la vida para que no me doliese tanto, para no preocuparme de si este fondo no tiene vista previa porque mis pies no llegan nunca a tocarlo... si me tropiezo con reflejos que se cortan al nombrarlos porque al hacerlo están deletreando mi propio nombre, que son tan frágiles como su búsqueda y su cortina de vocales emancipadas de sus propias huellas, porque este ritmo no es tan ágil para su estigma, porque ya el amor se corta sus propias venas para desangrarse adentro de su trascendencia e intentar volarme la cabeza con mi propia confianza...

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