Te convertiría en arte para alcanzar tu rostro en cada una de mis muertes, para inmortalizar tu peso en mi plegaria y seducirte eternamente, así arrastrar tu sonrisa al fondo de lo que me apunta, que es tu dedo y mi destino, tu espalda abierta y mi abertura. Te advierto en cada paso, amor mío, me liberas con el filo de tu indómita existencia.
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