Encontrar tu pecho
Y enrraizar tus claves a mi destrozo
Y escapar callada a mi desastre
Y enamorar tus noches para esconderme
Y desterrar mi cuerpo
Y disolver las voces que envilecen mi osamenta
Y encasillar tu infierno para invitarlo a mi retiro
Y ensuciar mi alquimia
Y recitar todas las vidas que desfilan por tus roces
Y destruir todos los rasgos que responden a mi nombre
Y descontar las resistencia que amanece en mis rechazos
Y desprender engendros de mi cuello
Y rescatar tu piel de las esquinas
Y soportar las señas que reclaman tus ensambles
Y oscurecer tu frente
Y amedrentar la mía
Y respirar los kamikazes de tu hambre
Y entumecer los monumentos que escupieron mis retinas
Y vomitar mi sangre como enredo en tu reforma
Y accidentar tus formas con mi vuelo exterminado
Y reparar las estadías que enfrentaron mis extremos
Y aminorar tus idas
Y atesorar tus restos
Y te infiltras en la vibración en que despierto
Y te ilustras en la espalda de mis sombras
Y te inscribo en mis retornos extenuados
Y me apago en los sabores de tu alarma
Y declaro encrucijadas en tu angustia
Y desciendo atardeceres con tu imagen
Y te amargo con mi fuerza
Y te lamento en mi eludida transparencia
Y abastecer mi negliencia
Y armonizar tu displicencia
Y enloquecer tu escepticismo
Y encomendar mi discrepancia a tu desorden
Y explicar mi resonancia a tus respuestas
Y perturbar tus apellidos con tu fondo
Y respetar tu enfermedad con mi conciencia
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