martes, 24 de junio de 2014

Estación No.345

Durante toda mi vida me han seguido los mismos seres extraordinarios, los del otro lado, tomando la forma del aura de los conocidos o extraños con los que me voy encontrando en el paso distraído de lo cotidiano, tomando la forma repetida en los distintos países que he vivido, en los distintas etapas de conciencia en las que he transcurrido, sin que nadie se de cuenta que su imagen está siendo prestada para encontrarse conmigo, para que yo pueda darme cuenta...
Probablemente esto se extienda a mucha de mis propias vidas, tropezando el tiempo y el espacio con mi propio ritmo, cone sa naturalidad pasiva de la cual me encuentro un poco ausente.
Me están cuidando los caminos inversos, me están conteniendo la emergencia mística con sus visitas, calculándome la espera en su silencio a los sentidos, y gritando mi nombre con la voz de sus mil otras dimensiones.
Nunca estamos construyendo nada solos, mi propia existencia no está separada del resto, pues estoy creando al mundo mientras al mismo tiempo el mundo me está haciendo. Cada persona que me refleja la estoy también yo reflejando, por eso sólo nos conocemos si nuestra alma está lo suficientemente amplia para darnos cuenta; a veces absorbo a otras personas que supero sin que ellos lleguen a reconocerme realmente porque su conciencia no ha sido preparada, y a la mayoría de las veces me absorben otras que me superan con la llama de intuición sobre mi pecho de que las presiento familiares o de que en algún momento llegaré a formar parte... lo que siento conmigo misma, una enorme cueva de las mil y una noches que perenne se desentierra entre mi propia cercanía.

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