Me estoy cayendo en el abismo de tu pulso, en el que aprietas el momento en el que intento aparentar que no te siento, que no estoy involucrada en este estómago implacable que se pellizca para controlar su hambre, que se quiere tragar todo porque no puede devorarse, no puede él mismo terminarse.
Me saludas y no me das la mano, me miras a los ojos hasta así poder perderme, me acorralas con tus representaciones cuando sabes que soy tuya, cuando repites sílaba por sílaba mi nombre para llenarme toda y crearme más espacio para nunca jamás abandonarte, para hundirme cada vez más lejos en eso que tú mismo no te atreves a adentrarte.
Arrodíllate con mi añoranza que siempre llegas a alcanzarme, quiébrate conmigo así mezclamos nuestras partes, que si me besan te oiré gruñir bajo mi cuerpo, y si me tocan estaré escuchando tu firmeza palpitando en mi semblante.
Colúmpiame con tu perfil bañado en la penumbra, que yo me ocupo de prenderle velas al lugar en el que me tentaste, que el mundo gira en otro ritmo apaciguado y mi frecuencia se resume a tu delirio, camino siempre al borde mientras el resto no llega a ver el horizonte, porque permites que nazcan tus raíces en mi sangre y sincronizas tu destino con mi idioma... y todavía me duele el cuerpo, todavía me despierto cansada de tu compañía porque sé que poco a poco me estoy quedando sola, te disfrazas de mi sombra y mi contraste para creer que existo porque me das forma, cuando soy yo la que te estoy creando, la que te dio vida y la que, con el hermoso aroma de la libertad y de la independencia, lentamente te la quita.
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