Cuerpo de barro eterno y piel de plumas inmortales, abanicas mi aura con el peso de tus piernas alumbradas, estás pintado con el grito más antiguo que la Tierra se ha guardado para arrastrar con tu presencia algún consuelo... como el que me suspiras en la nunca por las noches en que te desarmo, en las que te separo de cualquier lugar que te sostenga para que así sea simple tu caída y sea real el rostro con el cual amanezco entre mis manos.
Hombre de corteza pintada con el viento, de raíces milenarias y voz que parte del propio vientre de la Tierra, tu aroma es el presagio de muchas otras trascendencias que ahora están formando nidos en el borde de mi cama, que ya conocen de memoria el verbo de tu rostro quieto y tu boca exhausta, que palpan ciegamente las pulsiones que he inventado en el centro de tu espalda y tu resistencia alta y perfecta, para que cuando te estés durmiendo no te olvides de mi nombre y del temblor que te regalo al elevar tu rastro al puesto estrecho de mis sombras y mis abadías... pájaro inquilino de otras tierras que muerdes con tu gracia paisajes mucho más lejanos, tus marcas en mi piel son talismanes que invitan a no perderme, a involucrarme con lo que está escondido y olvidado.
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