Quiero amaestrar a las señales para desorientar sus oposiciones, sepultar todos los roces en las torceduras de mis retahílas y abandonar las posiciones que en algún momento me reconocieron y se hicieron mías... porque al volver seguiré estando un poco más perdida y más despierta, con el verso derramándose a través de mi camisa y un calor hecho difunto en mis estados de cordura... porque es como alimentarse de los dedos que han molido a las barreras dentro de mi cuerpo, como alimentarse de esa entrega que se corta y libera en el grito con el que te visto cada noche al responderme, porque tus pasos tienen las puntas de mi aliento, y tus sueños cargan con las construcciones que inventaron el caos que vigila nuestra ventana... Todo lo que no entendemos hasta que nuestros demonios hagan las paces por nosotros y el café nos recuerde a todo lo increíble que nos hizo pronunciar nuestros verdaderos nombres.
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