martes, 10 de mayo de 2011
NO TOCAR
¿Qué escondes, desastre, que te apareas con mis huesos? Ese oscuro deterioro es el aroma que me roba de todos los pescuezos mentolados, vomitados, encantados y perfectos. ¿Cuál es el sopor que escupes, mutilada sepultura? ¿Qué otros rostros has manchado para hincharlos en tu cáncer retrasado? ¿Qué otras lenguas has mordido para anclar en tus mil tumbas? ¿Hasta cuándo tocarás las las teclas que murmuran tu escotada torcedura? Me estremezco entre gemidos delicados cuando invoco tu infinita situación revisando sus rincones polvorientos en la vista de inocentes cuartos calentados entre brazos tolerantes. ¿Encontrarás allí tus brazos, pintura esclava del color de tus pinceles? ¿Encontrarás al finel cuello que rugía su impotencia entre los ecos de tus montañas invisibles? ¿Cuántos suspiros más seguirán desangrándose por tus muelas solitarias? ¿Seguirás temiendo al ojo que te apunta el hueco que incrementa tu cansancio? ¿Por qué caminas tropezones y tropiezas realidades? ¿Cuántas veces diferentes someterás a tu penumbra hasta librar tu hambre hambre en sus lamidos redundantes? ¿Silbarás tus soliloquios en tu inquienta divagancia por las calles de tus venas flacas? ¿Crees que tu risa engañará los trajes que vuelvo a estropear cada vez que me levanto?
Por tus cejas he aprendido a besar mis propios labios, a desnudarlos en la única belleza que me apaga y me silencia en una trágica advertencia que se acuerda de todas sus intuiciones apresadas. ¿Crees que estás limpio en ese castillo que abandonas para no escuchar el frío de sus paredes de piedra?
Me divierte verte agachado en los sudores de tus hermosas pesadillas, persiguiendo su salada tontería como un juego que acordaste estacionar en tus ventanas incómodas, que sujetan tu cabello ensortijado entre serpientes remodeladas por tu mal presentimiento.
¿Todavía respiras con el mar que te hizo gris y opaco con motivos especiales? ¿Continúas esperando que memorice cada sombra que explotó contando nombres que te expresan? Todos eran diferentes y ninguno era acertado, oh desastre en llamas, desastre involucrado con mi ombligo, desastre acalambrado en mi reptil indiferencia, demonio acalambrado, demonio chirriante, espejismo malvado, carne cruda amaestrada, tentáculo de vicios fluorescentes, espina muerta, molécula de asco, indignidad preñada con su sexo descompuesto, compostura molestada, ligadura de completaciones perdidas, vello escondido en una rama rota, solitaria galaxia, momento inacabado, orgasmo deprimido... a veces me sorprendo odiando el grito que enterraste en mi camino derramado. A veces creo que me flotas como un párpado náufrago en los ríos de su calambre recurrente.
¿Por qué no intentas penetrarme más que allá de mi bajeza vírgen e inestable? ¿Por qué ignoraste los arroyos que escribía en tu abdomen magullado? ¿Pensaste que eran de ceniza las disueltas en mi cuero cabelludo?
¿Por qué robaste mi antigua aparición y no me invitaste a visitarla cuando mis unas comenzaron a absorber las transparencias que les recetaste?
Fue tu mandíbula crujiente la que me invitó a fumar cigarros en el puerto de las paredes pasajeras. Fue tu calavera triste la que tomó el vino que lloraban los dedos de mis manos retorcidas.
¿Por qué tocaste el punto que escondía en mi desesperada tardancia? ¿Por qué ahorcaste la escultura que me vigilaba en las carreteras de mi espalda? ¿Por qué bebiste mi masturbación escupida en el ocaso de tus zapatos negros?
Tus tijeras deformaron el museo de recuerdos acostumbrados a mi limpieza. Olvidaste que no puedes matar a lo que ya murió antes de tu llegada de diamantes negros y brújulas desorbitadas.
No me creíste, por eso no me viste, ¿verdad, precioso? ¿verdad, esperma de momentos frágiles y desnutridos? ¿verdad que mantuviste siempre los ojos cerrados, belleza devuelta y revuelta y siniestra? ¿verdad que eres tan trágico como yo? ¿no es cierto que eres tan horrible como yo, tú que no dejas tocarse? ¿Por qué crees que golpeo la parte de atrás de mis rodillas? Es por tu nuca, amor sellado, por tu espina dorsal, por tus alambres, por tu tangible inexistencia.
¿En dónde estás? ¿Ya eres feliz, payaso asustado, ya estás completo?
Ahora soy una nube discordante que flota en las arrugas de la nada restringida. Suenas bien, preciosa lluvia... es deliciosa tu vibración, es riquísima tu frente y tu miembro paralizado. ¿Ya estás en calma, huracán atormentado? ¿Ya estás seguro de tu vida, mentira extraviada? ¿A cuántas otras ruedas les has clavado tus gruñidos? ¿Cuántos pechos lamerás hasta ligar tu vicio atolondrado y anodino?
Estás tan muerto como yo, amor angustioso, amor de hojalata, amor de vino. Tu espiral se accidentó como la mía y no saben reivindicarse, amor de ramas oscuras, amor de todo lo prohibido, amor improbable, amor onírico, amor de sangre espesa, amor de cigarrillos, amor de café muy oscuuro, amor con el estómago exprimido, amor de cuevas inventadas, amor de cuervos invisibles, amor demasiado desconocido, amor que grita su impotencia, amor que teme mirarse a los ojos, amor de transciones chuecas, amor de pálidos recuerdos, amor de alcohol martirizado, amor de tacto esfervescente, amor que no querrá jamás ser localizado.
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